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Cala Pilar, Menorca

Se puede llegar por el camino de Sant Felip, un desvío de la carretera Maó-Ciutadella, pasado el km 34, pero hay que dejar los vehículos en un punto que dista de la playa media hora andando. Esta ruta cruza un tupido encinar y es interesante en cualquier época del año por las vistas que procura; se trata de una zona del litoral norte que aún se conserva razonablemente virgen. Pero hay también la posibilidad de trasladarse desde Els Alocs, como se ha indicado antes. Las dificultades para acceder a ella no impiden la presencia habitual de bañistas que prefieren su aislamiento a las aglomeraciones que se dan en otros puntos. Y se tiene la ventaja de contar con un manantial de agua dulce, custodiado por una pequeña imagen de Ntra. Sra. del Pilar. Tras el peñón que cierra el arenal hacia el oeste se encuentra uno de los paisajes más curiosos de la isla. Franquear esta mínima barrera en un corto paseo nos permitirá contemplar los descomunales “guijarros” del Macar d’Alfurinet, una playa que parece hecha a la medida de los gigantes que –según las leyendas– poblaron una vez Menorca.

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La Vall d'Algaiarens, Menorca

La Vall forma parte de una de las Áreas Naturales de Especial Interés con todo merecimiento. Las tierras de aluvión quedan encajadas en terrenos ligeramente montañosos, cubiertos por un pinar frondoso y encinas, y en la desembocadura del antiguo torrente aparece la magnífica Cala de Algaiarens. Las dos playas que se forman en este punto llevan los nombres de Es Tancats y Es Bot, con formaciones dunares y un apunte de marisma a sus espaldas, y aún hay otra, la de ses Fontanelles, que queda algo escondida, más hacia mar abierto. Limpias arenas, aguas claras, son un reclamo al que resulta difícil sustraerse, pero los propietarios de este paraíso limitan su disfrute a los ocupantes de doscientos coches por día, con horario de apertura y cierre del acceso y pago previo de un peaje justificado por el uso de aparcamiento.

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Cala Morell, Menorca

Una misma carretera sale de Ciutadella hacia el norte para acceder a esta cala y, más allá, a la de Algaiarens. En el entorno de Cala Morell, y en la misma urbanización, la variedad de suelos y de formaciones rocosas nos indican que nos encontramos en el extremo de una falla que separa los dos orígenes geológicos del territorio menorquín, con rocas silíceas en el norte y piedra calcárea en el sur. La presencia del hombre en este enclave se remonta a la prehistoria, como indican las cuevas comentadas anteriormente, pero su mayor afluencia en nuestros dias reduce aún más la playa, pequeña de por sí, y muchos bañistas se reparten los embarcaderos y plataformas despejadas en los acantilados para tumbarse al sol.

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Cala en Forcat, Menorca

La zona situada entre Pont d’en Gil, un espectacular arco natural recortado en el acantilado, y la bocana del puerto de Ciutadella, es la más densamente urbanizada del término municipal. Su límite por el norte es el hipódromo de Torre del Ram. Su explotación turística se remonta a los primeros tiempos de despegue del sector y engloba diferentes núcleos entre los que quedan casi ocultas algunas pequeñas calas. La estrechez de estos entrantes parece mayor por la altura del acantilado, en el que se han practicado plataformas (el caso más típico es Cala en Brut) que intentan suplir la falta de playas propiamente dichas. Cala en Forcat mira al sur “custodiada” por un gran hotel que se asoma a sus aguas.

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Cala en Blanes, Menorca

El camino que resigue la orilla norte del Port de Ciutadella ha sido tradicionalmente uno de los itinerarios de paseo de los ciudadelanos; hasta llegar a sa farola, el faro que indica a la navegación la situación de la bocana. Prolongando la ruta algo más de un kilómetro se llega a Cala en Blanes, a la que también hay acceso por la carretera exterior que comunica la ciudad con la urbanización que lleva el mismo nombre. Menos estrecha y con una rada más prolongada que las anteriores, la cala dispone además de un pequeño arenal con palmeras al fondo. Es un punto al que también se puede ir a tomar el fresco, un refresco, o ambas cosas, fuera de las horas de pleno sol. Lo que sí cabe recordar es que estas pequeñas calas tienen en común que, en verano y por su proximidad con Ciutadella, llegan a colgar todas el cartel de “completo”.

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Santandria, Menorca

La escasa distancia que separa Santandria de Ciutadella parece disminuir a medida que el trayecto se va integrando en la población, pues la contínua aparición de nuevos chalets ha convertido en calle la carretera. La playa, con tanto crecimiento, también se ha vuelto pequeña a los ojos de los ciudadelanos, pero mantiene su carácter de escenario del ocio local. Un saliente del litoral protege la bocana y esconde la diminuta playa de Sa Caleta; sobre esta misma punta, una torre de defensa, Es Castellar, intentaba corregir su desvalimiento ante un posible invasor tras la experiencia del desembarco francés, en el siglo XVIII. Hay un centro de submarinismo y alquiler de sombrillas y tumbonas. Una curiosidad es la presencia de un manantial de agua dulce.

 

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Cala Blanca, Menorca

Entre la anterior, Santandria, y esta nueva cala abierta al oeste, las urbanizaciones que llevan el nombre de una y otra se reparten la totalidad del espacio encarado al mar. Con lo cual es posible trasladarse entre ellas por sus calles, sin regresar a la carretera de Artrutx. Y no es extraño, en consecuencia, que de tanto espacio dedicado al alojamiento turístico salgan suficientes usuarios como para monopolizar el uso de la playa, o casi. A pesar de la competencia, es interesante tener en cuenta esta cala por la proximidad con Ciutadella, por la calidad habitual de sus aguas y arenas, tan claras como insinúa su nombre, y por todos los servicios que ofrece, restaurantes incluidos. Hay puntos de interés arqueológico en su área: varias cuevas y restos de una naveta

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Cala en Bosch, Menorca

El terreno desciende suavemente hasta sumergirse en el mar en la punta del Cap d’Artrutx, vértice de la isla por el suroeste. No hay interrupción entre el sector que rodea el faro y lleva este nombre y la urbanización inmediata, con instalaciones hoteleras que han rodeado la playa de Cala en Bosc y que incluyen un puerto deportivo reconvertido a partir del pequeño humedal que allí existía. Desde este puerto también salen las embarcaciones que visitan las calas del sur del término de Ciutadella. El crecimiento del número de plazas turísticas ha traído aparejada la aparición de oferta complementaria de todo tipo, con especial incidencia de los deportes náuticos. El visitante puede optar entre navegar las olas, bucear o salir volando sobre esquíes (“parascending”).

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Son Xoriguer, Menorca

Esta playa tiene el doble de anchura que la vecina Cala en Bosc, de la que está separada por la Punta de sa Guarda, pero al quedar más expuesta al mar abierto su franja de arenal es comparativamente escasa, mostrando además el sector occidental desguarnecido, con el suelo rocoso a la vista. Por detrás de ambas la zona urbanizada llega a ser contínua, como se ha comentado que ocurría entre Santandria y Cala Blanca. Es el límite del espacio dedicado a equipamiento turístico, ya que a continuación aparecen las áreas protegidas, y ésta viene a ser la causa de que su explotación alcance a la totalidad del suelo disponible... llegando hasta el trazado histórico del camí de Cavalls, que resigue el perfil costero

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Son Saura, Menorca

El concepto de “playas vírgenes” se ha de entender en relación con la explotación turística de amplios sectores de la costa, especialmente abusiva en algunos municipios. Ya no hay “playas vírgenes” en el sentido de que apenas reciban visitas. Al contrario, desde que han quedado libres los accesos por tierra, tienen más público cada dia. Pero lo importante es que han escapado del urbanismo masificador gracias a su inclusión en las Zonas de Reserva Natural, y es este aspecto el que resalta la denominación. Son Saura es la más amplia de estas calas, con un perfil de orilla que la divide en dos arenales casi simétricos, las playas de Banyul y Bellavista, y con un pinar que permite a sus usuarios recuperarse de los excesos de sol. Se llega hasta aquí por la misma carretera que conduce al yacimiento de Son Catlar. Cuando se acaba la ruta asfaltada, en el predio Torre Saura Vell, aún hay que seguir un tramo de camino de tierra antes de poder aparcar.

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Es Talaier, Menorca

Es la cala inmediata a Son Saura –aparece tras la Punta des Governador– y desde aquella se puede alcanzar andando, a través del pinar. En vehículo se llega por un desvío de la misma carretera que conduce a Cala Turqueta. Aunque sus dimensiones son más reducidas, se trata de un rincón muy agradable, con arena muy blanca debido a la descomposición de la piedra caliza que es común en toda la zona. Su nombre deriva de la presencia en sus inmediaciones de una torre de vigilancia muy antigua, Sa talaia d’Artrutx, desde la cual se alertaba de la llegada de intrusos a esta parte de la costa sur.

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Cala en Turqueta, Menorca

Una embarcación que parta de Es Talaier con rumbo al levante encontrará a continuación esta otra maravilla. Sólo las separa el peñón coronado por la torre antes citada (a la vista de ambas playas, quienes velaban en ella debieron gozar de momentos envidiables... a pesar de la soledad y el miedo a los piratas). En la actualidad, una vista amplia del paisaje sin presencia del factor humano sólo es posible en contados días fuera de temporada, pero aún así vale la pena su visita: el bosque llegando hasta el mar, la suavidad y blancura de las arenas, la transparencia y coloración turquesa de las aguas, son características tan armoniosamente reunidas en estas calas meridionales, que justifican la admiración más exagerada.

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Macarella y Macarelleta, Menorca

La musicalidad de su nombre acompaña la imagen paradisíaca que dejan en la retina estas calas. Macarella tendida en la pausa del acantilado que las aguas del barranco han ido ensanchando en su camino al mar, Macarelleta escondida en otro repliegue, a la derecha de la primera, cerca y lejos si se va a pie, porque el camino entre ambas no es muy directo. Sobre la playa de Macarella hay cuevas usadas en la prehistoria como cámaras funerarias... y en tiempos más recientes como vivienda veraniega por el primero que llegaba. Hay un restaurante y la limpieza de la playa está regularizada. Desde Ciutadella se accede en coche yendo hasta Sant Joan de Missa, desviándose allí para llegar a la finca de Torralbet, dónde se toma un último tramo de camino que lleva al parking. Desde Cala Galdana puede llegarse a pie atravesando el bosque.

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